domingo, 19 de agosto de 2012


´APOCALIPSIS # 1
El libro del Apocalipsis procede del griego, que significa revelación. Es una obra semejante al libro de Daniel del AT. Desde principios del siglo II se atribuyó  Juan, considerado también el autor del cuarto evangelio.
El libro de Daniel del AT, trae varios temas que explican en parte el mensaje del Apocalipsis en unos sentidos específicos. Por ejemplo: se refiere a  a la invasión de Nabucodonosor a Jerusalén, y el envío a Babilonia de judíos educados a la corte del rey, (entre ellos Daniel). El rey conversó con ellos, y los encontró más competentes  que los que había en su corte. 
El rey tuvo un sueño y quiso saber su interpretación, pero los sabios de su corte no fueron capaces de interpretarlo. El rey no les reveló el contenido de este. Y mandó matarlos a todos porque ninguno había sido capaz de revelarle el significado de su sueño, inclusive a los judíos que estaban en su corte. Fue Daniel el que salvó a todos con su interpretación sobre el fin del mundo, que fascinó a Nabucodonosor, quién cayó postrado en tierra, y le dijo a Daniel: "Verdaderamente vuestro Dios es el Dios de los dioses".
 Daniel le dijo al rey que no hay sabios en la tierra capaces de interpretar el sueño que el rey había tenido. El que revela los sueños es Dios. Nadie más puede.
Y la revelación que encontramos en el libro de Daniel, tiene entonces  las  mismas cosas que el Apocalipsis. No sólo el fin de los tiempos, sino las profecías que se sucederán antes de que venga este.

viernes, 10 de agosto de 2012


EL APOCALIPSIS

Viene de un término  griego que significa revelación. Como la revelación es hacia el futuro, representa lo que nos hace saber Dios. Lo escribe Juan en la isla de Patmos... Una isla griega del Mar Egeo, en el Dodecaneso. Los es euros hablan de la Parusía de Cristo. Fue escrito. Durante el reinado de Domiciano, en el año 95 DC. 

La persecución de los cristianos en esos tiempos fue terrible, y el Apocalipsis, era la esperanza, el nuevo pueblo, que ha venido al mundo con Emanuel, (Dios con nosotros), a salvarnos de las manos de Demonio.

Dice 

La Biblia de Jerusalén: El Apocalipsis es la gran epopeya de la esperanza cristiana, el canto de triunfo de la Iglesia perseguida.
Tiene 22 capítulos, las Cartas a las Iglesias de Asia,  el ángel de la iglesia de Efeso, el ángel de la iglesia de Sardes, de Tiara,  de Filadelfia, de Laodicea. Luego vienen las visiones proféticas , el castigo de Babilonia,  el exterminio de las naciones paganas, y finalmente la Jerusalén futura.
EL APOCALIPSIS
Viene de un término  griego que significa revelación. Como la revelación es hacia el futuro, representa lo que nos hace saber Dios. Lo escribe Juan en la isla de Patmos... Una isla griega del Mar Egeo, en el Dodecaneso. Los es euros hablan de la Parusía de Cristo. Fue escrito. Durante el reinado de Domiciano, en el año 95 DC. 
La persecución de los cristianos en esos tiempos fue terrible, y el Apocalipsis, era la esperanza, el nuevo pueblo, que ha venido al mundo con Emanuel, (Dios con nosotros), a salvarnos de las manos de Demonio.
Dice 
La Biblia de Jerusalén: El Apocalipsis es la gran epopeya de la esperanza cristiana, el canto de triunfo de la Iglesia perseguida.
Tiene 22 capítulos, las Cartas a las Iglesias de Asia,  el ángel de la iglesia de Efeso, el ángel de la iglesia de Sardes, de Tiara,  de Filadelfia, de Laodicea. Luego vienen las visiones proféticas , el castigo de Babilonia,  el exterminio de las naciones paganas, y finalmente la Jerusalén futura.

jueves, 2 de agosto de 2012


BOGOTÁ EN 1867
No se trata de una historia, sino de un breve recuento, basado en una vieja guía de 1867, que muestra como cambian tanto las cosas, cuando nos parece mentira ver a Bogotá con 40 mil habitantes ayer, frente al de ahora de siete millones. La descripción de este libro que nos vislumbra  esa arcadia de antes, rebosante de ingenuidad, de costumbres sanas, de sano ingenio, y de todas aquellas cosas que hicieron posible no obstante formar la ciudad de hoy, basado en su ancestro anterior, del que algo queda en su alma. La guía se titulaba: Almanaque de Bogotá. Costaba apenas 80 centavos y se vendía en la imprenta de un señor Gaitán, junto con otros libros muy conocidos, como la gramática de Andrés Bello a 50 centavos, la ortografía de Marroquín a 80 centavos, el manual de la urbanidad de Carreño a 40 centavos, y el catecismo de la doctrina, reformado por el señor arzobispo, a 10 centavos.
Contiene un prólogo de José María Vergara y José Benito Gaitán, y un tratado de historia con el título de Cronología de soberanos y magistrados. Tiene también un almanaque para 1867, arreglado para el meridiano de Bogotá, capital de los Estados Unidos de Colombia, por el doctor Benito Domínguez y aprobado por el ilustrísimo Señor Arzobispo.
Hay una lista de los próceres y mártires de la Independencia para eterna memoria y honra para los que con su sangre sellaron nuestra independencia de España. La nomenclatura de la ciudad de Bogotá era por nombres. Había 26 carreras hacia el oriente, 25 al occidente, 22 al norte y 15 al sur. Los distritos parroquiales eran 4, el de la catedral, con 18.455 habitantes, el de las Nieves con 9.333, el de Santa Bárbara con 6.502 y el de San Victorino con 5.717. En total 40.000 habitantes.
Desde entonces Bogotá era ya una ciudad que tendía a alargarse con 88 carreras y 690 calles. Escasa en zonas verdes con 6 plazas y 9 plazuelas, y como cosa curiosa tenía más almacenes y tiendas que casas de habitación: 2720 de estas últimas y 3127 de almacenes y tiendas. Había 32 quintas y sólo 6 baños públicos. Un observatorio astronómico, un telégrafo, 30 templos católicos y uno protestante, 25 edificios públicos, 50 establecimientos de instrucción elemental, 3 logias, 3 cementerios, dos católicos y uno protestante.
Trae una lista de todos los empleados públicos con su sueldo anual y la dirección de su casa de habitación. En 1867 ya era presidente el general Tomás Cipriano de Mosquera, con un sueldo anual de 9.600 pesos. El menor sueldo corresponde al cartero ordenanza de la Secretaría del Interior y Relaciones Exteriores, con un sueldo anual de 120 pesos, es decir 10 pesos mensuales. Había 4 embajadores y 6 cónsules.
El cuerpo de serenos (porque no había policía como la de ahora), lo componían 20 hombres con un sueldo anual de 109 pesos con 50 centavos. Jacobo Amaya era el encargado del alumbrado público con un sueldo anual de 255 pesos con 50 centavos. Los serenos también contaban con 4 suplentes.
Tenía Bogotá dos prisiones para hombres y una para mujeres. Había 154 penados en total: con 62 detenidos y sumariados, 92 presos de trabajos forzados, 30 de los cuales componían el camino que conduce a Villeta. En cuanto a las mujeres: 11 reclusas y 17 encausadas o detenidas.
Finalmente la guía termina con una lista de abogados, médicos, agencias públicas y comerciales, entre los cuales destacamos unas profesiones y unos negocios que hoy nos suenan extraños: “…armerías, albeiterías, fabricantes de carruajes, casas de tresillo, fabricantes de molduras crespas, fundidores de estribos, hulerías, y composición de sombreros de paja, iluminación de retratos fotográficos, pendolistas, pesebreras, tenerías y muchos otros”.
Todo parece haber cambiado, pero es bueno recordar el pasado en que crecimos, y naturalmente, recordar los valores que se hayan perdido, pero también los defectos que hemos superado. Creo que los mejores valores que se conservan son la buena disposición para el diálogo, y el respeto por la leyes que nos legó el Hombre de las Leyes, el General Santander.


viernes, 27 de julio de 2012




LECCIÓN DE CRISTO 26_7_2012

SAN JUAN EVANGELISTA
Juan, llamado el Evangelista, fue un escritor místico del cristianismo primitivo, al que la tradición considera autor del Evangelio según San Juan, y de otros escritos afines, (joánicos), como el Apocalipsis y de tres cartas, 1 Juan, 2 Juan y 3 Juan. Hay que señalar que el Evangelio de San Juan era anónimo en su origen, y la tradición cristiana más antigua le asigna ese nombre desde casi el primer momento. El autor del evangelio escribe para personas que no conocen las costumbres judías. Según la tradición, para las iglesias de Asia.
Juan es, de los cuatro evangelistas del Nuevo Testamento, el más poético y conceptual. Juan el Evangelista suele asimilarse a la figura del discípulo amado a través del pasaje conclusivo dado en Jn 21,24. Dicho discípulo, del que sólo se tiene constancia a través del Evangelio de Juan es más conocido por estar recostado sobre el pecho de Jesús durante la última cena (Jn 13,23).
Ireneo de Lyon cuenta que Juan, después del martirio de Pedro y Pablo, se estableció en Éfeso. La tradición nos dice que fue llevado a Roma, y el emperador Domiciano ordenó quemarlo con aceite caliente. No se le considera como un apóstol mártir según la tradición. Se salvó del martirio y fue desterrado a la isla de Patmos, donde escribió el Apocalipsis. Fue maestro de Policarpo de Esmirna. Después de morir Domiciano asumió Nerva como emperador. Juan pudo entonces volver a Éfeso, donde escribió el resto de sus escritos y murió. Su fiesta, el 27 de diciembre, se celebra con el color litúrgico blanco.
En la introducción a Juan en la Biblia de Jerusalén, se dice que corresponde a la más antigua predicación de la Iglesia: una proclamación de la medianidad y divina filiación de Jesús, partiendo de los “signos”, para desarrollar la fe en Cristo y obtener así la vida.
El evangelio de Juan se presenta mostrando el testimonio de Juan el Bautista sobre Jesús. Refiere a continuación una serie de episodios relativos a la vida de Jesús, muchos de los cuales coinciden con los de la tradición sinóptica. Y termina con los relatos de la Pasión y Resurrección.
Se distingue de los otros evangelios por numerosos rasgos: milagros que los sinópticos ignoran, largos discursos y cristología mucha más desarrollada, insistiendo especialmente en la divinidad de Cristo.

NOTA: el próximo 9 de agosto se reanuda la Lectio Divina, todos los jueves a las 7 p.m., en la Iglesia de Santa Bárbara, en la Plaza de Usaquén, al lado de la entrada del despacho cural.